Hace apenas unas semanas, Gianni Infantino sufrió la mayor crisis política desde que llegó a la presidencia de la FIFA. Su proyecto para privatizar parte de los derechos comerciales del Mundial provocó una rebelión inédita de la UEFA, la Confederación Asiática y la de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf), que exigieron una investigación independiente. Cuando parecía que el dirigente suizo afrontaba su momento más delicado, apareció un aliado decisivo: África. ¿Por qué decisivo? Porque el centro del poder de la FIFA se ha desplazado.
El 18 de marzo de 2027, cuando los representantes de las 211 federaciones nacionales entren en el Palacio de Congresos de Rabat para elegir al próximo presidente de la FIFA, todos conocerán una realidad que va mucho más allá de la personalidad de Infantino o de sus posibles rivales: ningún candidato puede llegar a la presidencia sin el respaldo de África.
Por eso, cuando hace unas semanas la Confederación Africana de Fútbol (CAF) expresó su apoyo al dirigente suizo para un nuevo mandato, buena parte de la prensa europea interpretó el gesto como una prueba más de su capacidad para construir una red de alianzas mediante la distribución de recursos. Muchos leyeron el episodio bajo un esquema familiar: más financiación, más apoyos políticos. Sin embargo, esa explicación, aunque contiene parte de verdad, resulta insuficiente. La verdadera historia no comienza con Infantino. Comienza hace más de medio siglo y habla menos de un dirigente que del profundo cambio en el equilibrio de poder del deporte más popular del planeta.
Durante décadas, África fue considerada la periferia del fútbol mundial. Se veía solo como un inmenso vivero de talento, cuyos jugadores triunfaban en Europa mientras sus federaciones apenas disponían de recursos, infraestructuras o capacidad de influencia. Hoy sucede exactamente lo contrario en un aspecto fundamental: que ningún aspirante a gobernar la FIFA puede permitirse ignorar al continente. Curiosamente, uno de los espacios internacionales donde África ejerce mayor influencia no es Naciones Unidas, el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial. Es una organización deportiva.